Sin bombos, cajas, ni platillos
Son las 10:00 a.m. de una mañana de un domingo lluvioso en Bogotá y estoy
a punto de salir a correr 21 km.
Había corrido hacía dos domingos 15km y
quería empujar un poco más esta vez hasta llegar a los 21 km porque los sentía cerca. Me pongo mis tennis, salgo a comprar
mi usual Gatorade (porque para trotes largos no me arriesgo a comprar solo agua) y salgo
bajo la lluvia con la intención de poner una vez más a prueba mi propio límite.
No esperaba que mi primera media maratón fuera como fue pero no me habría gustado para nada que hubiera sido de otra manera.
Yo esperaba, dentro de mí, que mis primeros 21 km los hubiera podido correr en la MMB (Media Maraton de Bogotá), habiendo invitado a amigos y conocidos y hubiera sido un gran espectaculo, con cámaras y personas por doquier, con una medalla como reconocimiento y con felicitaciones. Y espero que no se malinterprete mi intención con esto que digo, porque no desprecio nada de lo anterior. Porque sí quiero llegar un punto donde sea así como lo describo y estar rodeado de las personas que quiero en la meta. Solamente que a veces uno no puede estar esperando el momento perfecto para hacer las cosas. Muchas veces es salir y hacerlo.
Cuando llegue al parque, habían algunos trotando pero por la lluvia terminé eventualmente yo solo en la pista y así fue como lo hice.
Sin show, sin espectaculo, sin bombos, cajas ni platillos. Solamente una intención, un límite que romper y una mañana gris.
Cuando llegué al kilómetro 10 estaba completamente fulminado, hacía una semana había intentado romper ese límite de trote personal pero solo me dio para llegar al kilómetro 9. De alguna manera, pensé ese día, tenía que poder seguir hasta terminar y asi resultó. No sin antes detenerme varias veces para recomponer mi respiracion y poder seguir corriendo hasta terminar.
Así fue mi experiencia. Nada lujosa, nada romantizada, nada llamativa. Justo a mi estilo.
#pensamientos
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